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martes, 10 de marzo de 2015

EL PODER LA MUJER, EL PODER DE LAS MUJERES

No soy la primera, ni es la primera vez, que hablo de la conciliación laboral.  Y sigo en mis trece y repito que debe ser una aspiración de todas las personas, independientemente de su status familiar y de su género. Todos tenemos una vida. Una que va más allá del trabajo, por mucho de que algunos tengan la suerte de tener un trabajo que les satisfaga. 

En mi caso particular, el mío, mi trabajo, no está del todo mal en cuanto a horario (de 8-17.30, con 1.5 h para comer) pero, aun sabiendo que tengo suerte comparado con otros, ese mismo horario no me permite llevar ni recoger a mis hijos del colegio, y en esa hora y media de descanso entre la mañana y la tarde no puedo ir a casa porque trabajo en la otra punta de la ciudad. Esto me obliga a recurrir a ayuda externa: una persona que se quede con mis hijos por las mañanas cuando yo me voy, y les lleve al colegio. Y lo mismo por las tardes. Si quiero trabajar fuera de casa, claro.  Y ya os adelanto que quiero hacerlo.

La semana pasada, con motivo del Día de la Mujer Trabajadora, el diario 20 minutos publicó este artículo en el que participé contando mi experiencia sobre la falta de conciliación y la (en muchos casos) existente discriminación laboral por el hecho de ser mujer. Yo conté mi realidad, sin tapujos, y hablé de mi día a día. Si leéis los comentarios....En fin, hay de todo, pero no son halagos precisamente. 




No vengo a justificarme, porque no creo necesitarlo, sólo quiero hacer una reflexión sobre este tema. Veo que las personas estamos empezando a asumir una peligrosa mentalidad derrotista y conformista que hace que muchos, en general mujeres, renuncien a su vidas profesionales ante acusaciones de ser malas madres (que no malasmadres) y pretendiendo crear un sentimiento de culpa por su pretendida ausencia o falta de interés e implicación en su maternidad, por el hecho de tener aspiraciones personales que van más allá de la maternidad en sí misma. Que muchas nos enfrentemos a esos momentos de conflicto absoluto de los que habla Nohemí Hervada aquí, y que te llevan a mirar a tu padre cuando le acabas de hacer abuelo y preguntarle ¿Para qué he hecho todo lo anterior? ¿De qué sirven mi esfuerzo, mi dedicación y el carácter ambicioso que me has inculcado, ese ansia por alcanzar objetivos?  (basado en hechos reales)

PUES NO ME DA LA GANA.  No quiero tener que enfrentarme a esas preguntas cuando yo sea abuela. No me da la gana de dejar que sean otros los que deciden por mí sobre "lo que debería ser y hacer". Soy yo quien tiene que decir "qué quiero", y buscarlo entre los "qué puedo". Entre todo ello, mi ideal sería no depender de terceras personas, poder organizar mi vida de otra manera, hacer jornada intensiva de lunes a viernes y así, al menos, poder recoger a mis hijos en el colegio, o ir a tomarme un café con amigos o mi pareja. Poder compaginar mejor mi vida personal con mi vida familiar/social. Ese es el "qué quiero", pero la realidad, la mía, es que por ahora estamos en un "qué puedo" en el que no todo es tan perfecto. 

Pero es que nunca nada lo es...lo que hay que hacer es intentarlo y nunca, NUNCA, darse por vencido.

Las mujeres somos poderosas. Y acabo de (re)descubrirlo. Más vale tarde que nunca, ¿no?. No es necesario pisar una alfombra roja ni ser Patricia Arquette para serlo. No hace falta que venga un periodista y me pregunte  por mi vestido y que salten voces en mi defensa con la campaña #ASkHerMore.(mi papel de Musa todavía no me lleva por esos derroteros, jajajajaja). Mi día a día me demuestra mi poder.



Es cierto que suelen llamarnos "el sexo débil " y que, durante mucho tiempo pensé que había algo de verdad en esa expresión.  Pero ya no.  Somos muchas veces "la mujer de" y, muchas veces, algunas podemos sentirnos poco por nosotras mismas. Ahí ya entra en juego el criterio de cada una para elegir una pareja que piense igual que tú (yo la tengo)

Si has leído mi entrevista, quizá te has sentido identificada, y es que somos muchas, para lo bueno y para lo malo. Según datos extraídos de la encuesta #CONCILIA13F, más del 50% de las mujeres encuestadas que trabajan mencionan haber tenido experiencias negativas desencadenadas por su maternidad. Es triste decirlo, pero soy parte de ese "más del 50%." 


Pero no es menos cierto que tenemos poder. Somos poderosas. Soy poderosa. Y por eso me quiero unir a otras mujeres con poder. Porque como decía la famosa frase de La Bola De Cristal " SÓLO NO PUEDES, CON AMIGOS SÍ". Por eso, porque "con amigos sí" me declaro fan incondicional, hooligan, o como quieras, de iniciativas como la de #CONCILIA13F  de El Club de las Malasmadres (esta vez sí, malamadre todo junto)

Las primeras conclusiones de la encuesta del Club han sido...nefastas. Si quieres leer el resumen de las mismas, lo puedes hacer aquí .




En cuanto a mis conclusiones....son estas: 

Porque tengo poder. 
Porque soy poderosa. 
Porque somos poderosas. 
Y juntos podemos cambiar las cosas.










martes, 25 de febrero de 2014

COSAS DE CASA

Yo siempre lo digo, y lo llevo por bandera: yo soy #malamadre porque tengo un #buenpadre que me apoya. No uno bueno, no, el mejor.

Moñeces aparte, la realidad es que por mucho
Si no dejo los modelos preparados
mis hijos pueden salir así a la calle...
- que los colores no sean Lo suyo (o al menos las combinaciones de los mismos).
- que no sea capaz de hacer un puñetero  peinado con lazo.
- que sus neuronas se apaguen ralenticen cuando está viendo la tele (no entiendo por qué los cubiertos de la ensalada se quedan chorreando a un palmo de mi plato cuando hablan en la tele, y cuando dejan de hablar, siguen....).
- que no entienda que hay tejidos de verano y tejidos de invierno (que no deben mezclarse a riesgo de parecer un algo a medio camino entre Urkel y en hipster) 

Por mucho que ocurra todo eso, cuando no está, me doy cuenta de las muchísimas cosas que hace.

Porque no se trata de hacer un  reparto al 50%, al menos no para mí. Se trata de colaborar, por lo que siempre digo, el planteamiento es el de un equipo. No todos en un equipo marcan goles o meten canastas, ¿no? Pues en nuestra casa es igual. 

- cocinar: ambos. Aunque él la disfruta y yo no especialmente.

- limpieza: procuramos no tener que hacerla, pero cuando toca, él baños, yo cocina.

- plancha.: mi terreno. ¿Por qué? Porque él tarda 3 horas en planchar una camisa, que suele quedar mal, y encima tiene una etiqueta que dice "no planchar"

- jugar: a ellos les gusta más jugar con su padre. Todavía no entienden por qué mis indios quieren dialogar con mis vaqueros. Mucho más normal lo de papá...." a leche limpia"

- deberes: él. No tengo paciencia.

- extraescolares: él. Definitivamente. 

Bueno, y así podría seguir y seguir. Pero lo que digo siempre, es mi casa, nuestra casa, y nosotros lo hacemos así. En otras casas no lo haréis de la misma forma (sin ir más lejos, en la de mis padres no era ni parecido)

Pero estos últimos 7 días he estado de madre soltera, y me he encontrado haciendo el papel de 2. Eso significa que tras llegar del trabajo, he tenido que jugar-recoger-cocinar-dar cenas-dormir-reñir-acostar-cenar yo sola.(Incluyendo varias noches amaneciendo en el sofá del salón....me ahorro hacer la cama,jajaja)

Además de ser mucho más cansado, me viene a la cabeza lo de siempre: 

- Cuando mi marido se va de viaje, me preguntan que si estoy muy cansada, me comentan que vaya faena. Que enseguida se termina. Normal. 

- Cuando yo me voy de viaje, que no es con mucha frecuencia pero suelen ser entre 7 y 10 días seguidos, me preguntan que con quién se quedan los niños. 

Bueno, pues nada más que añadir, al menos por mi parte. ¿Cómo lo hacéis vosotros? ¿Me lo cuentas?


Y para el que no lo tenga claro, en nuestro caso se quedan con su padre.








lunes, 24 de junio de 2013

SUSAN DEY Y ANGELA RODICIO.....o mis ídolos de juventud.

Cuando yo era pequeña, me pirraba por ser abogada. Pero no una abogada cualquiera, sino una de las de mi serie favorita en esos momentos. La ley de Los Ángeles. Ya me veía yo, entrando en el supermegaedificioquetecagas, donde en uno de los pisos más altos estaba mi despacho, junto al de un pedazo de macho ibérico (por favor, relee esta última expresión con acento de Chiquito de la Calzada, se lo merece), por más que estuviésemos en USA.




Pero también tuve mi temporada de periodista. ¡Ja!, no, no vayáis a pensar que ahora me estoy desquitando escribiendo un blog chorras para compensar mi frustración. Para nada. Porque yo, lo que quería ser, era reportera de guerra.  Quería ser la Ángela Rodicio de turno. Recuerdo cuando cayó Ceaucescu, qué envidia me daba la muy….(voy a mirar en Google en qué año fue esto…..¡1989! yo tenía 16 años…..qué repelente, coño, ¿quién a los 16 está enterado de la caída de nadie que no se produzca en una discoteca…..?) ((CORRECCCIÓN: TENIA 13 AÑOS, ASÍ QUE LA FRASE ANTERIOR DEMUESTRA LO PEDORRA QUE ERA Y PORQUE ME INCLINABA POR UNA CARRERA DE LETRAS))

Se aceptan análisis psicológicos sobre este comportamiento. Yo parto de la base de que la causa es que en casa me decían siempre que yo era la mejor....y por lo que veo ahora ellos son los culpables de que yo alentase este tipo de pensamientos gilipollas tan elevados. 


Pues bien, ahora veo que mi grado de repelentez se agudizó con el pasar del tiempo, porque finalmente, abandoné mi idea de ser reportera de guerra por unas razones muy lógicas para una pedorra chica de 17 años: uf, complicado tener una vida así para siempre, viviendo de un lado a otro, y sin estabilidad- y decidí volver a la idea original: ser la chica del supermegaedificioquetecagas, pero en edición mejorada. Claro, porque además de abogada me imaginaba yo un rollo tipo Armas de Mujer (ya sabéis, yo era Melanie, claro, nada de Sigourney Weaver, por Dios!) y me imaginaba diciéndole a mi recién conocido jefe (por supuesto enamoradísimo de mí y que casualmente se parecía Harrison Ford pero a la española) algo tan natural y absolutamente profundo como en la peli “tengo una mente para las finanzas y un cuerpo para el pecado” o  “si quieres que te tomen en serio, lleva un peinado serio”   mientras sonaba de fondo “Let the river run”. (Tenéis que entender que, para mí, en ese momento de mi vida, ambas frases seguramente tendrían la misma trascendencia….qué horreur)


Vamos, que yo lo flipaba demasiado. Por suerte, con el tiempo he ido suavizando ese estado de permanente estupidez en el que vivía....y con el que tanto disfrutaba, porque era genial imaginar todas esas historias (con macho ibérico incluido en el pack, por supuesto).

¿Qué hice? Pues estudié Derecho, me lo pasé muy bien, conocí a mucha gente, me encantaron algunas asignaturas, otras las odié profundamente y a estas alturas no sé para qué sirven (¿¿¿¿Derecho natural????¿¿¿Filosofía de 5º??? . Lo llevé curso por año (ser repelente se lleva en la sangre y es imposible eliminarlo totalmente de golpe)……y decidí al terminar que eso no era lo mío. Que no sabía qué era lo que quería, pero ejercer, al menos por el momento, no. Porque yo nunca he sido fan de nada, pero tampoco he tenido ninguna vocación.

Azíndeque me fui a estudiar inglés, hacer un máster …y la pequeña Rodicio que estudió para Garzon(cilla) trabaja en el departamento  internacional de una empresa comprando cositas a gente que está al otro lado del mundo, y que lo más emocionante que hace es irse de vez en cuando de viaje a sitios que están allí mismo, en el culo del mundo para poder discutir en persona y pedir "balato, balato".





miércoles, 29 de mayo de 2013

A-Z DE LA MATERNIDAD......C DE CONFLICTO.....interior

Esta temporada podría llamarse "existe un mundo más allá de escribir posts solitarios en un blog". Vamos a por nuestro primer carnaval.......¡¡¡Trimadre, te deseo lo mejor!!!
A los que no sabéis qué es esto, pasaos por el blog de Trimadre a los treinta http://trimadre.blogspot.com.es/

 http://trimadre.blogspot.com.es/


Conflicto.

Existen muchos sentimientos que nacieron en mí con el bebé cuando fui madre por primera vez. Una clase de amor que no sabía que podía existir, tan enorme y tan descontrolado que daba- y da- miedo. No me podía imaginar que algo como lo que sentía fuese posible. También mucho miedo, a no saber hacer las cosas, a fallar, a todo, en realidad. Me imagino que lo normal en una primeriza, y aunque me habían hablado de estas cosas, yo pensaba que a MI (superwoman) no me iba a pasar. (Vaya, que yo de sobradita divina, para no variar)

PIIIIIIIII. Error. No sólo fui una primeriza de casi libro (atacada con las medidas de los biberones, histérica esterilizando cosas, comprando cremas de precios brutales para la pielecita del bebé, etc etc.) si no que, durante un tiempo me volví loca. Pero de atar.

Todos o, mejor dicho, todas, te cuentan la maravillosa experiencia que es ser madre. Lo fantástico que es poder disfrutar de tu bebé a todas horas durante 4 meses, sin nada más que hacer que cuidarlo. ¿Cuál fue el problema? Pues ese, el “sin nada más”. ¡¡¡¡Madre mía!!!! Ahí empezó mi locura: adoraba a mi bebé, pero todo lo bueno, si mucho……24 horas, 16 semanas, demasiado. Cuando mi querido príncipe azul llegaba a casa del trabajo, eso se convertía en un monólogo casi. 

Él me decía “ ¿y qué has hecho hoy?” A lo que mi respuesta solía ser “¿tú qué crees?. No me he duchado hasta las 11, cuando lo he conseguido, ya le tocaba el siguiente biberón, y cuando se lo he dado ha vomitado y he tenido que volver a ducharme, así que no he podido bajar a nada y no he podido comer y cuando iba a descansar porque esta noche ha sido horrible, el bebé se ha despertado y ya no he podido. Y luego otro bibe, y cambiarle las cacas y más tarde me he puesto a limpiar los cristales y………


Yo le decía (arrepentida y culpable por ese ataque inmerecido) “¿y tú? ¿qué has hecho?” 
A lo que él respondía “nada, un rollo, lo de siempre
Y ahí saltaba la tigresa de nuevo. 
Pobre marido, lo que tuvo que aguantar.

Pero la conclusión de todo esto es que para mí ser madre supone un conflicto. Uno conmigo misma, porque hay momentos, sobre todo al principio, en los que me resultaba difícil compaginar mi situación como madre y los deseos que eso despertaba, con mis anhelos y aspiraciones profesionales. No veía la manera de compaginar ambas cosas, y eso provocaba esa especie de locura que me poseyó durante unas semanas. (Yo creo que ayudada por mis hormonas locas de postparto)

Porque la pregunta era ¿soy una mala madre por querer no ser sólo una madre? Quiero a mi bebé por encima de todo, como hacen las buenas madres maravillosas que me encuentro y me comentan lo felices que son con su baja. Pero también quiero trabajar, quiero conseguir más profesionalmente, quiero estar satisfecha con mis avances, quiero…..quiero más. Quiero todo. Y quiero dejar de sentirme mal por querer estas cosas que- por lo que yo imaginaba entonces- era antinatural querer.

Y ese era mi conflicto interior en ese momento.

¿Lo he resuelto? Bueno, 2 hijos más después, me tomo todo con mucha más calma. Adoro a mis hijos, por encima de absolutamente todo, tengo una familia estupenda. Tengo un trabajo que me da satisfacciones y quebraderos de cabeza. A veces estoy hasta el gorro de los niños y quiero salir pitando a trabajar. Normalmente me pillo unos globos tremendos por no poder llevarlos o recogerlos del cole, y no participar más de su día a día. 

En fin……soy un conflicto con patas…..pero intento superarlo.