Jajajajaja, este es un libro que me he encontrado en la web. Solo he leído la mitad, más o menos, creo que voy por la sombra número 30, pero es que tuve que dejar de leerlo anoche porque mis carcajadas despertaban a todo en casa.
¿De qué trata? De desmontar el mito de Mr. Grey, el amante perfecto de 50 sombras.
Además de mis carcajadas, mi querido marido – que no ha leído la trilogía, of course- me miraba entre ofendido y sorprendido porque me partía de risa con las comparaciones. “Pues no le veo la gracia”, decía, mientras yo le leía algún párrafo.
Por ejemplo, Lola- el equivalente de Anastasia- decide proponerle una sesión “fuerte” en la cama a Gregorio. Una historia tipo ataduras y demás. Mientras que Christian ataría a Anastasia con su corbata y le haría una trenza, Gregorio coge lo que tiene más a mano, es decir, el calcetín usado y con la goma rota que se ha puesto ese mismo día. Una vez metidos en faena, ella empieza a gritar, pero no de placer, sino porque Gregorio no solo no le ha hecho una trenza, si no que le está pisando el pelo con el codo y dejándola inmovilizada (además de calva).
Es verdad que tiene muchos detalles graciosos, y otros muchos que no tienen nada que ver con la vida real. Gregorio es un marrano, no deja de tirarse pedos y eructos, y no participa en absoluto de la responsabilidad familiar. Pero al mismo tiempo es gracioso y provoca un sentimiento de ternura……Uséase, nada que ver con los sentimientos que provoca Christian Grey.
Esto me ha hecho recordar la vez que fui a una reunión de Tupper sex. Pongámonos en antecedentes: Yo, embarazada y a 2 semanas de dar a luz, en la piscina de mi casa con mi marido y mi hijo mayor. Llegan unas cuantas mamás del cole (y vecinas) y me dicen que van a hacer una reunión de Tupper Sex en el club social del edificio, que si me animo. Salí corriendo casi, jajajaja, la curiosidad me podía. Llegamos a la reunión, donde estábamos la mujer de la maleta roja (véase comercial de Tupper Sex que en su vida normal era recepcionista en una empresa), 4 o 5 mamás habituales y 4 chicas a las que yo no había visto en mi vida.
Empieza la reunión con una breve explicación tipo Elena Ochoa de la comercial, que se dedica a pasar fotos tamaño A4 de genitales femeninos. Primera vuelta…..otra y yo, girando la foto porque no sabíamos cuál era el derecho y cuál el revés.
Comienzan a pasar los artilugios, y llegamos a un vibrador. La otra chica – empanada como yo- pregunta algo en mi opinión muy práctico “¿y esto cómo se limpia?”. Risas, pero varias voces de las mamás se elevan y dicen a la vez “hija, agua y jabón, bien sequito y talcos para guardarlo”
La boina y el entrecejo se van apoderando de mi cabeza…..lo cual no queda muy elegante en ningún caso, pero menos aun con mi bombo de 8 meses.
A todo esto, mientras tanto, los maridos en el parque con los niños, esperando.
De pronto, las mujeres empiezan a hacer preguntas directas y personales a la Elena Ochoa de turno “es que lo que a mí me pasa es…..”, “cuando estoy de esta forma….”. Si es que hablamos mucho de que si los hombres comentan tal o cual, pero las mujeres, cuando hablamos de sexo, somos mucho peores.
La boina me tapa la cara, y necesito urgentemente ir a hacerme la cera en las cejas.
Luego desplegaron jarabes de chocolate, vainilla, y otros sabores, cuya idea era ponérselas a la pareja sobre el cuerpo……y yo pensaba “¡¡¡madre mía!!!! ¿Eso saldrá fácil en la lavadora?”
Más que boina, pasamontañas ya.
En fin, que unas risas, la verdad, y una pasta que se llevó la comercial…..porque la que más y la que menos compró algo.
Y luego todas al parque, cada una con su Gregorio particular, a ver cómo se tira el nene por el tobogán.

