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jueves, 19 de febrero de 2015

ESTA SERÁ NUESTRA CANCIÓN: una Madreloca en modo moñas

En las películas, las parejas siempre tienen una canción. LA CANCIÓN. SU CANCIÓN. Y en los momentos especiales, "alguien" la hace sonar. Puede ser él, ambos en la boda, el mismo cantante que se presenta sorpresivamente en su puerta...muy real todo.

La verdad es que uno de los momentos "nuestra canción" que más me gustan  es el de La Boda de mi Mejor Amigo, cuando Rupert Everett le canta a Julia Roberts  "I Say a Little Prayer"....y más falso no puede ser, vaya, teniendo en cuenta que él es gay y acude a salvarla del desastre que ella va a provocar ante la boda de su mejor amigo. (reconozco que durante un tiempo, tuve un pacto con uno de mis amigos como el de Julia Roberts: si llegados los xxx no tenemos pareja, nos casamos, pero no hizo falta) 

En mi caso, nosotros tenemos NUESTRA CANCIÓN. Ya os he contado "nuestra love story" y si la habéis leído sabréis que nuestro primer beso fue a ritmo de SABOR DE AMOR de Danza Invisible. A mí, la canción me gustaba antes y todavía me gusta más después, pero hay que reconocer que no es lo que se dice un estándar de modelo de NUESTRA CANCIÓN. No suenan trompetas ni tiemblo de emoción con sus violines al escucharla...Tampoco es malo, lo que me pasa es que cuando la escucho me entra la risa floja y me sale una sonrisita...jejejeje.

Estoy en una etapa un poco dura, en la que estamos separados, y esto hace, por una parte, que mi lado más pragmático se haga más fuerte (hay que seguir, es imprescindible) y me haga más fuerte a mí, pero, a la vez, me doy cuenta de lo mucho que lo echo de menos, y de lo mucho que lo necesito. Mi vida está estructurada para compartir los buenos y los malos momentos, y cuando no está, todo es peor. Las llamadas diarias no son suficientes, me saben a demasiado poco. Al igual que las visitas a casa cada dos o tres fines de semana, que son eso, visitas (casi de médico a veces).

Cuando hablamos yo estoy tan cansada que se me olvidan la mitad de las cosas no prácticas: sí recuerdo contarle que tal y cual tienen que ir al médico o al dentista, que he olvidado ponerles postre con la comida, o que uno de ellos no ha vuelto a dormir. Pero tengo poco tiempo (y ganas) de charlar como lo haríamos de haber estado sentados hombro con hombro en el sofá. 

Por eso, hay días en los que tengo que obligarme a parar un poco, relajarme, y tener un momento para recordar que tenemos más. Que no solo somos "los padres de", si no que somos una pareja. En esos momentos me entra un poco de mal humor y de pena, que ni siquiera ponerme a escuchar "nuestra canción" curan.

La relación es evidente que ha cambiado tras 14 años, ahora somos mayores y más maduros, y nos queremos de otra manera, mucho mejor. Nos conocemos más y nos entendemos mejor.

Y como no se lo digo muy a menudo (él es la parte sensible de la pareja, yo soy el cardo borriquero) he decidido hacerle un regalo. He decido elegir otra, una nueva "NUESTRA CANCIÓN". Aquella que recoja un poco todo lo que es cada vez que viene a casa, y todo lo que le quiero decir cuando no lo digo. (Aprovechad, queridos, que entro en #ModoMoñas y eso no pasa todos los días, podéis reíros....)


La canción elegida para ser nuestra canción es BENDITA TU LUZ, de Juan Luis Guerra y Maná. 

Escúchala y luego me dices qué te parece.



 Y te la regalo, porque como dicen:

Bendito el lugar y el motivo de estar ahí 
bendita la coincidencia. 
Bendito el reloj que nos puso puntual ahí
 bendita sea tu presencia. 
Bendito Dios por encontrarnos en el camino 
y de quitarme esta soledad de mi destino.

Y porque nuestra historia empezó así, cerquita del mar..... 

Bendito el reloj y bendito el lugar, 
benditos tus besos cerquita del mar.

Y vosotros, ¿tenéis una canción? ¿te animas a compartirla?  



lunes, 15 de septiembre de 2014

PIJAMA PARA DOS

Ayer fue nuestro aniversario. Nuestro 12 aniversario de boda. Nada más. Y nada menos.

Diferentes razones han hecho que no lo celebrásemos en absoluto, ni nos pudiésemos hacer ningún regalo. (entre otras un cólico nefrítico, un viaje de trabajo y unas anginas. Todo en la misma semana. ¿Qué os parece?)

He estado pensando qué cosas podría regalarle....y todo me parece manido, repetitivo, o excesivamente caro para mi presupuesto. Además, tendría que ser algo muy especial para que, tarde y mal, todavía le hiciese ilusión.  Así que, tras muchas vueltas y descartes, he decidido que le voy a regalar un pijama. 

¿Te ríes? ¿Crees que soy poco romántica? Bueno, ahora te explico por qué no. 

No estoy hablando del típico pijama de punto de algodón con elásticos en los tobillos. De esos que los ves y te sientes parte de la revista ésa....te sale un AAAAAARG nada más verlo. Y si lleva un Spiderman o similar, un AAAAARG con risas. 

No. 

Tampoco el pijama que suele comprarse siendo de dos piezas (camiseta y pantalón de rayas o cuadros) y que termina siendo un pantalón con esacamisetacotrosa. Esa que usaba en la facultad y que por mucho que intentes explicarle, ya no necesita. Porque no necesita amuleto. Ya ni con amuletos se arreglan muchas noches...jajajajajaja.

Yo quiero regalarle un pijama de los de siempre. De los de padre, o casi de abuelo. De los de camisa de botones con vivos en las solapas y los bolsillos y el pantalón a juego. 

Sí. No me he equivocado. Quiero regalarle un pijama de hombre. En realidad es un regalo compartido, porque lo cierto es que sólo quiero regalarle el pantalón. La camisa la quiero para mí.




¿Para qué? ¿Sigues sin ver la razón? Continúo.

Quiero salir a cenar. Me da igual el sitio. Pero para mi puesta en escena es necesario que haga un poco de frío. El de una de esas noches de invierno que terminan con lluvia. Con el pelo empapado y corriendo desde el coche hacia el portal mientras intento evitar terminar hecha un desastre. Pero que, puede ser, que en lugar de estar preocupada por eso, lo que pase sea algo así….





Quiero levantarme una mañana y poder asomarme a la ventana con la chaqueta de su pijama, de manga larga, que me quede enorme y me llegue hasta la mitad de la pierna, y con mi taza en la mano poder sonreír mientras me vuelvo recordando la cena de la noche anterior.

Quiero esa sensación de relax y placidez, de recuerdos y sensaciones, que se transmite siempre que en las películas salen estas imágenes.....esos desayunos, esa media sonrisa....ainnnssss.






Quiero ese pijama para poder reírnos mientras nos cambiamos, pensando en este post cursi que estoy escribiendo, y riéndonos porque la realidad siempre supera a la ficción. (En ese momento puede que me digas que la música de fondo no se oye, que esto no es una película, jajajajaja)









Y no me sirve un pijama cualquiera. No, tiene que ser de buena calidad, porque quiero que dure otros 12 años más. Como poco.